Y así, casi sin darme cuenta, el móvil ha conseguido que cada vez me cueste más concentrarme
Y así, casi sin darme cuenta, el móvil ha conseguido que cada vez me cueste más concentrarme Jose García Recuerdo un verano de hace ya un buen puñado de años, cuando mi abuelo me regaló mi primer móvil. Fijaos si hará tiempo queera un Sony Ericsson de teclas, no os digo más. Me hizo una ilusión enorme abrirlo, jugar a una especie de ‘Tamagotchi’ que tenía preinstalado y mandar mis primeros SMS, pero más allá de eso, el móvil no me aportaba nada....